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Priorizando el bienestar: explorando opciones innovadoras para mejorar la calidad de vida en el trabajo

La salud mental, o más bien la problemática en torno a la misma, ha dejado de ser un tabú. Cada vez es más común oír hablar en todo tipo de medios de patologías como el estrés o la ansiedad. Porque ambas se están cronificando en la sociedad, y el trabajo tiene mucho que ver con esto.

La falta de conciliación, las escasas perspectivas de mejora profesional, una acumulación excesiva de tareas, o la inexistencia de desconexión digital son, entre otros factores, importantes desencadenantes del malestar en gran parte de la población trabajadora. 

La ansiedad, la depresión y el estrés han contribuido en los últimos años a que el número de bajas laborales crezca. Entre 2015 y 2021, las incapacidades temporales por salud mental crecieron un 30,9% entre los menores de 35 años

Ante semejante escenario, no es de extrañar que el cuidado de la salud mental haya sido una de las tendencias en este 2023 en las empresas. Y estamos seguros de que continuará siéndolo durante mucho tiempo.

Porque las organizaciones empiezan a darse cuenta de cómo su forma de tratar a los empleados afecta a estos a nivel personal. Y se muestran concienciadas sobre la necesidad de poner todo de su parte para que la salud mental deje de ser una de las principales causas de baja laboral, del alto índice de absentismo que sufren muchas empresas, e incluso de su altas tasas de rotación de personal.

Priorizar el bienestar de los empleados no solo es bueno para estos, también la empresa se va a ver beneficiada. Porque va a reducir costes asociados a esas tasas e índices que acabamos de mencionar, pero también porque va a conseguir una plantilla conformada por empleados mucho más contentos, más motivados y, por ende, más productivos.

Veamos qué medidas se pueden poner en marcha para que trabajar deje de ser una fuente de problemas y se convierta en una fuente de bienestar.

Tabla de contenidos

Mejorar los espacios de trabajo

La Prevención de Riesgos Laborales nos ha enseñado hasta qué punto las condiciones físicas de un espacio de trabajo pueden afectar a nuestra salud, pero es hora de pensar en las consecuencias a nivel de salud mental.

Al mejorar los espacios de trabajo, se consigue que el ambiente sea mucho más saludable. Crear un entorno en el que las persona se sientan cómodas. Para ello, deberíamos trabajar tanto en la ergonomía como en la decoración.

A nivel de ergonomía, los espacios deben seguir evolucionando para ser cada vez mejores. Utilizando escritorios y sillas que permitan hacer el trabajo de forma cómoda, con el menor riesgo posible para la salud musculoesquelética.

Desde un punto de vista más estético, habría que intentar que los espacios de trabajo fueran lugares bonitos y agradables. Con una buena iluminación, y una decoración que encaje con la cultura y los valores de la empresa.

Factores como la iluminación natural y la ventilación también pueden contribuir a que los empleados se sientan más cómodos y relajados.

Y no hay que olvidarse del software y de los equipos informáticos, porque una tecnología desfasada es una gran fuente de estrés, al no permitir al trabajador avanzar al ritmo que desea. Igual que hay que renovar muebles y decoración de forma periódica, no hay que olvidarse del equipamiento más esencial para trabajar.

Promover la participación activa de los empleados

Cuando una persona no se siente valorada, es normal que no esté cómoda en el entorno laboral. Fenómeno que puede dar lugar a un aislamiento respecto al resto que podría desembocar en problemas más graves a nivel psicológico si la situación se mantiene a lo largo del tiempo.

Darle a los empleados el reconocimiento que se merecen es algo que se puede lograr de muchas maneras, pero una de las más sencillas y de las más rápidas de llevar a cabo es a través de la escucha activa.

Si una empresa quiere mejorar el entorno de trabajo, tomar decisiones sobre el horario, valorar la implantación de nuevas tecnologías, etc., lo mejor que puede hacer es escuchar a quienes van a verse afectados directamente por su elección: los miembros de la plantilla.

Esto no siempre implica que se vaya a hacer lo que los empleados quieran, pero sí es necesario hacerles ver que sus ideas, quejas y sugerencias son tenidas en cuenta.

Si le demostramos a alguien que su criterio es importante, le estamos demostrando también que es una pieza elemental dentro del puzzle que es la organización. Solo con esto, ya podemos conseguir que los empleados se sientan más integrados y estén más dispuestos a participar y a hacerse escuchar.

Incentivar un estilo de vida saludable

Pasamos gran parte de nuestro día a día en el trabajo, de manera que tanto el entorno como los compañeros se convierten en una presencia constante que puede influir en las personas tanto para bien como para mal.

¿Por qué no aprovechar para incentivar un estilo de vida saludable? Por ejemplo, organizando los viernes “sanos”, en los que cada miembro del equipo debe llevar un plato saludable y compartirlo con sus compañeros. 

O dar cursos para aprender a gestionar el estrés, incluso para ayudar a quienes desean dejar de fumar. 

La organización de actividades deportivas no solo contribuye a que todos participen de un estilo de vida más sano, también contribuye a generar espíritu de equipo y a que los lazos entre los empleados se hagan más fuertes. En este sentido, hay muchas actividades que se pueden organizar, por ejemplo, crear un equipo y participar en una carrera popular, u organizar un torneo de pádel.

La empresa puede promover las actividades como tal, o colaborar con los costes que estas puedan tener.

Ajustar los horarios

La falta de conciliación entre la vida personal y profesional tiene un gran culpable: la escasa racionalidad de los horarios a los que nos hemos acostumbrado.

De media, en España salimos de trabajar dos horas más tarde que nuestros vecinos europeos y, en la mayoría de los casos, todavía nos queda un trayecto de entre 30 y 50 minutos para llegar a casa.

La sensación de no tener tiempo para uno mismo, ni para dedicarlo a la familia, es una causa directa del síndrome del burnout. Porque la persona siente que solo vive para trabajar, y que su trabajo se ha convertido en una importante fuente de malestar.

Esto podríamos empezar a solucionarlo con una racionalización de los horarios. Dando flexibilidad a la entrada y a la salida para que los empleados puedan atender a sus compromisos personales y familiares, pero también reduciendo el tiempo que se dedica a la comida en las jornadas partidas.

La idea no es trabajar menos, sino redistribuir mejor el tiempo de trabajo. Consiguiendo que las personas dejen de vivir para trabajar y puedan dedicarse a su familia, a estudiar, a hacer deporte, a estar con sus amigos o, sencillamente, a descansar.

Ofrecer una buena formación

Es cierto que las empresas suelen dar formación a los empleados para que estos no se queden obsoletos en cuanto a sus conocimientos, pero resulta que los trabajadores suelen ver los cursos formativos como una carga.

Al final, muchos de ellos no son más que un curso online elaborado a base de diapositivas, o consisten en una charla por parte de un experto que da una clase magistral que puede acabar resultando más o menos aburrida.

La formación, entendida como el camino para mejorar a nivel profesional, debería ser una fuente de bienestar. Pero para ello, hay que asegurarse de qué es realmente lo que se va a ofrecer.

Conviene examinar qué necesidades reales de mejora tienen los empleados y cuál es la mejor opción para formarlos. ¿Por qué no enviarlos a un curso un fin de semana en el que también puedan disfrutar de una sesión de spa? ¿Por qué no sufragar parte del importe de sus estudios si desean estudiar una carrera o una FP? ¿Por qué no contratar buenos especialistas que les ayuden a desarrollar habilidades blandas?

Dedicándole tiempo a la planificación, la formación puede convertirse en una de las mejores herramientas para tener empleados contentos.

Proponer nuevos retos

La rutina puede ser buena para la salud mental, pero también puede llegar a ser enemiga de la misma si es demasiado tediosa.

Por el contrario, los retos nos hacen estar alerta, despiertan un cierto nerviosismo por afrontar la novedad que no es nada malo sino todo lo contrario. Nos ilusionan y nos empujan a dar lo mejor de nosotros mismos.

Sabiendo todo esto, ¿por qué no acabar con la rutina en el entorno laboral? No se trata de hacer continuamente algo nuevo, pero sí de plantear retos de vez en cuando. Por ejemplo, invitar a los empleados a participar en una lluvia de ideas para un nuevo proyecto, o crear un pequeño concurso para ver qué equipo es capaz de hallar antes la solución a un problema.

Como has visto, con pequeños ajustes en el día a día del trabajo se puede hacer mucho por mejorar el bienestar de los empleados. ¿Por qué no empezar a probar sus efectos hoy mismo?

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