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Gestión del talento en las manufacturas: encontrando el equilibrio entre humanos y máquinas

La colaboración entre humanos y máquinas nos puede parecer algo propio de nuestra época, pero lo cierto es que esto no es así. Fue en el siglo XVIII cuando las primeras herramientas de automatización empezaron a llegar al ámbito industrial.

Poco a poco, el uso de la tecnología en las manufacturas se fue convirtiendo en algo habitual. Por ejemplo, la presencia de robots en las cadenas de montaje de automóviles, es algo implantado desde hace décadas. O el uso de máquinas de embotellado en las fábricas de producción de bebidas como zumos o vino.

En la actualidad, estamos en un momento en el que la tecnología está avanzando especialmente rápido. Estamos viendo y vamos a seguir viendo cómo las máquinas ganan cada vez más protagonismo en el sector industrial. Asumiendo aquellas tareas que son peligrosas o penosas para los seres humanos, y multiplicando la capacidad productiva de las empresas de una forma que no somos capaces ni de imaginar.

¿Quiere esto decir que los niveles de empleo en el sector de las manufacturas van a bajar? No necesariamente, lo que se va a producir es un cambio en la forma de trabajar. Porque necesitamos avanzar hacia una simbiosis humano-máquina que nos permita sacar partido de las mejores capacidades y habilidades de ambas partes.

Tabla de contenidos

Automatización y digitalización frente a la importancia del talento humano

El empleo es algo vivo, que se va transformando a medida que pasa el tiempo. Esto lo podemos comprobar pensando en cualquier profesión.

Por ejemplo, un abogado no trabaja igual ahora que hace tres décadas. Mientras que los juristas de hace años tenían que hacer complejas labores de investigación revisando compendios de jurisprudencia, hoy en día toda la información que necesitan para sus casos la tienen disponible en un solo clic. Incluso pueden presentar los documentos ante el juzgado por vía telemática.

Lo mismo ocurre con un ebanista. No solo sus herramientas de trabajo son ahora mucho más eficientes y seguras, sino que cuenta con software avanzado que le permite hacer diseños de alta precisión. Ya no hay errores en los cálculos, y es posible ver una representación 3D de cómo será el resultado final, antes incluso de empezar a trabajar con la madera.

En el campo de las manufacturas, donde la capacidad de inversión es muy elevada, la presencia de tecnología es mayor que en otros ámbitos. Se trata de un sector que avanza muy rápido y debe ser capaz de adaptarse a los cambios que llegan. Pero esto no implica que haya una lucha entre la capacidad de las máquinas y el talento humano. Como decíamos antes, el objetivo es crear una simbiosis.

La tecnología mejora la precisión, la velocidad y la eficiencia en la producción. Por su parte, los seres humanos aportamos habilidades únicas, experiencia y creatividad que son básicas para resolver problemas. De esta forma, contribuimos a la optimización de los procesos y a la innovación en la producción.

Por mucho que la maquinaria esté cada vez más presente en la industria, hay etapas del proceso de fabricación en las que la presencia humana continúa siendo imprescindible, como en el mantenimiento de esa maquinaria, o en la toma de decisiones complejas.

¿Cómo conciliamos el talento humano con la automatización y la digitalización?

La clave está en encontrar el equilibrio, y este es precisamente el reto que están afrontando las industrias en este momento

Identificar las tareas adecuadas para la automatización

Ningún proceso productivo puede automatizarse al 100%. El talento humano sigue siendo necesario para tareas como:

  • Diseño de los productos.
  • Diseño de la maquinaria y el software que intervienen en la producción.
  • Mantenimiento de los equipos.
  • Resolución de problemas.
  • Diseño de las campañas de marketing.

Además, no debemos perder de vista que el proceso de automatización es largo, complejo, y extremadamente caro. Por eso, lo primero que deben hacer las industrias que quieren actualizarse es decidir qué tareas conviene automatizar.

Lo recomendable es empezar por las labores repetitivas y de baja complejidad. Por ejemplo, ciertas tareas de ensamblaje de piezas. Mientras que las tareas que implican creatividad, juicio y habilidades sociales, van a seguir en manos humanas.

Desarrollar habilidades digitales y de gestión del cambio

La actitud que tengan los miembros humanos del equipo va a resultar esencial para el éxito o el fracaso de la automatización.

La maquinaria y el software de última generación son complejos y desconocidos, y esto puede generar ciertas barreras de acceso a ellos. Para superarlas, las empresas tienen que capacitar a sus empleados en habilidades digitales y en gestión del cambio.

Esto incluye aportar una completa información sobre qué tecnología se va a emplear y qué objetivos se persiguen con ella. Resaltando en todo caso el valor que va a adquirir ahora el trabajo humano. Por supuesto, también hay que aportar formación en el manejo de la maquinaria o los nuevos programas informáticos, en sistemas de control de procesos, y no descuidar el desarrollo de habilidades blandas cuyo peso crece dentro de los perfiles profesionales, como la capacidad para resolver problemas, la adaptabilidad y la comunicación efectiva.

Si los empleados están bien formados e informados, se sienten capacitados y seguros. Dejan de ver la tecnología como algo que puede interponerse en sus aspiraciones profesionales, y están más dispuestos a aprender a manejarla y a sacarle todo el partido posible.

Fomentar la colaboración y el trabajo en equipo

El trabajo en equipo es uno de los pilares del trabajo en el sector de las manufacturas. En estos empleos hay poco lugar para el individualismo, porque el éxito del proceso productivo depende de que un conjunto de personas sean capaces de colaborar de forma eficiente entre sí.

Que ahora los seres humanos no vayamos a estar en primera línea del proceso productivo, o no tanto como antes, no quiere decir que haya que descuidar la colaboración y la comunicación. Porque estas se van a volver más importantes que nunca.

La interacción directa con herramientas de IA o con cierta maquinaria es algo novedoso, y el intercambio de conocimientos y la colaboración van a resultar esenciales para que todo el mundo se sienta integrado en el equipo de trabajo, respaldado, y tenga la seguridad de que no se va a quedar atrás.

Incentivar la innovación y la creatividad

La innovación es, ha sido y será siempre una fuente de ventaja competitiva, y más todavía en un sector tan complejo y competido como el de las manufacturas.

Las máquinas pueden hacer muchas cosas, pero no tienen la capacidad humana de estar en contacto con el mundo real, detectar problemas y oportunidades. Y son precisamente las habilidades de innovación y de creatividad las que hay que potenciar ahora.

Con los trabajadores liberados de tareas repetitivas y de poco valor, hay que orientar su talento a tareas de mayor valor agregado. Por ejemplo, el desarrollo de ideas que puedan impulsar la mejora continua de los productos o de los procesos y, con ello, la competitividad de la empresa.

El trabajo en la industria se vuelve cada vez menos exigente a nivel físico, y más a nivel mental. Para potenciar este cambio, las empresas pueden implementar programas de incentivos, o crear espacios de trabajo que fomenten la creatividad y la participación activa de los miembros de la plantilla en la identificación de amenazas, en la búsqueda de soluciones, y en la identificación de oportunidades de mejora y de optimización.

Un proceso complejo que requiere de flexibilidad

Alcanzar el equilibrio entre talento humano y maquinaria de última generación no es fácil, y tampoco es algo que sea necesario conseguir de un día para otro.

Tanto las empresas como los empleados deben ser conscientes de que este es un camino largo de recorrer, que va a requerir de un aprendizaje continuo. Es más, es un camino que nunca se acaba, porque el potencial de mejora de la tecnología es infinito. Por suerte, el talento humano y la capacidad de adaptación tampoco conocen límites.

Todos los implicados tienen que entender que este es un proceso gradual y flexible, que se va a encontrar con algunos obstáculos como la falta de conocimientos técnicos o de habilidades digitales, que habrá que ir solventando a medida que se hagan patentes.

Por otro lado, es aconsejable que los miembros humanos del equipo estén más involucrados en los procesos de toma de decisiones que están relacionadas con la implementación de tecnología y la mejora de procesos. La decisión la va a tomar en última instancia la dirección, pero incluir a los equipos en la toma de decisiones ayuda a que las personas se sientan valoradas, y a aumentar su compromiso y su motivación hacia el cambio.

Lo que concluimos de todo esto es que, si bien la automatización y la digitalización ofrecen múltiples beneficios en términos de eficiencia y calidad, es fundamental reconocer y poner en valor la aportación única que realizan los trabajadores del sector de las manufacturas. Este es el punto de partida para empezar a trabajar en una estrategia que consiga un equilibrio y saque partido de lo mejor de las capacidades de la tecnología y de las capacidades humanas.

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