El síndrome del impostor y cómo ayudar a tus empleados a evitarlo

La psicología de las personas afecta de manera directa a la productividad de las empresas. Si los trabajadores no están contentos, les falta motivación, o el ambiente de trabajo es malo, los resultados no serán los esperados. Por el contrario, cuando los empleados sienten bienestar a diferentes niveles y están contentos con lo que hacen, la productividad se incrementa.

Esto explica el creciente interés de las organizaciones por la salud mental de los empleados. Esta ha pasado de ser un tema que no tenía ninguna importancia para los directivos, a ser una de sus principales preocupaciones.

Gracias a ese interés, es ahora cuando empezamos a ser realmente conscientes de la proporción de trabajadores afectados por síndromes como el de burnout o el síndrome del impostor, que es justamente en el que vamos a centrarnos.

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¿Qué es el síndrome del impostor?

Se trata de un fenómeno de carácter psicológico que hace que las personas duden de sus propias capacidades y no se sientan lo suficientemente buenas. De esta forma, cuando alcanzan el éxito, no pueden asimilarlo bien. Consideran que han llegado donde están o han alcanzado sus metas más por casualidad o por suerte que por su esfuerzo y sus habilidades.

En los últimos cuatro o cinco años ha aparecido mucha literatura en torno al síndrome del impostor, pero no estamos ante nada que sea realmente nuevo. Es un fenómeno que fue identificado por primera vez a finales de los años 70 del siglo pasado por las psicólogas Pauline Rose Clance y Suzanne Imes.

En un principio se pensó que solo afectaba a mujeres trabajadoras, pero a medida que se ampliaron los estudios originales, se descubrió que puede afectar tanto a hombres como mujeres, aunque es cierto que parece darse más entre la población femenina.

Lo que también se ha revelado con el paso del tiempo, es que este síndrome se desarrolla a dos niveles. El primero, el menos grave, desaparece a medida que pasa el tiempo y se gana experiencia. Es el que suele padecer una persona que asciende. Al principio sus nuevas responsabilidades pueden provocarle un poco de “vértigo” y generar en ella una sensación de no estar a la altura. Sin embargo, a medida que va ganando experiencia en el puesto, aumenta su confianza en sí misma y desaparece esa sensación de ser un fraude.

El segundo nivel es el más grave, porque el síndrome se ha ligado tanto a la mente de la persona que resulta muy difícil deshacerse de él, e incluso puede agravarse con el paso del tiempo.

¿Por qué es tan negativo para trabajadores y empresas?

Quien lo padece se siente un impostor, pero no lo es realmente. Él o ella piensa que no merece estar donde está y, en consecuencia, no se siente seguro de sí mismo ni está satisfecho con la situación. Estamos ante una persona que se está saboteando a sí misma y que, por tanto, no llegará nunca a dar lo mejor de sí.

Los casos más graves de este fenómeno impiden que el trabajador afectado se desarrolle todo lo que podría hacerlo y, en consecuencia, la empresa no se beneficia del despliegue de sus verdaderas capacidades.

¿Qué es lo que genera este problema?

Dinámicas familiares en la infancia

Con frecuencia, nos acabamos identificando con el rol que se nos ha adjudicado desde que somos pequeños. Por ejemplo, si alguien tiene un hermano muy inteligente, que siempre saca buenas notas, acabará por asumir que él o ella siempre será un estudiante más mediocre.

Si, además, el desarrollo se produce en un entorno en el que la crítica tiene más protagonismo que el elogio, ese niño seguramente se convierta en un adulto con tendencia a no valorar sus capacidades.

Falta de seguridad en uno mismo

Está muy relacionado con lo anterior. Cuanto menos segura de sí misma está una persona, más riesgo tiene de acabar creyendo que no merece sus logros.

Aunque se obtengan logros académicos y profesionales, la baja autoestima hará que quien la padece tenga una visión distorsionada de sí misma que no coincide con lo que ven los demás.

Experiencias vividas

Las circunstancias que vivimos también influyen en la percepción que tenemos sobre nosotros mismos. Por ejemplo, si una persona es despedida, y con el paso del tiempo consigue un buen puesto, es bastante probable que esa experiencia negativa que ha vivido con anterioridad haga que le cueste adaptarse a su nueva situación.

Estereotipos sexuales

Una de las causas por las que este fenómeno es más habitual en las mujeres es porque la presión social sobre ellas es mayor. Las mujeres han asumido que tienen que ser profesionales de éxito y también unas madres dedicadas. Cuando ven que no llegan a todo, aparece esa sensación de sentirse un fraude.

Cambios en la vida laboral

Como decíamos antes, suele ocurrir que los cambios importantes en la vida laboral provoquen este síndrome, especialmente cuando el trabajador progresa profesionalmente. Es normal que surjan dudas sobre si se está lo suficientemente preparado para asumir el nuevo puesto, o si será capaz de hacerlo mejor que su antecesor.

¿Cómo ayudar a los empleados a combatir el síndrome del impostor?

Ahora que las empresas son conscientes de la existencia de este fenómeno y de cómo puede afectarles a ellas y a sus trabajadores, pueden poner de su parte para intentar paliar sus efectos y, si es posible, para evitar su aparición.

Promover la responsabilidad

La clave está en generar un ambiente laboral que fomente la responsabilidad de los empleados de todos los departamentos y todos los niveles, tanto respecto a sus logros como respecto a sus errores.

Una buena forma de conseguirlo es que el líder dé ejemplo reconociendo sus propios errores y mostrándose satisfecho cuando haya alcanzado sus objetivos. Esto hace ver a los empleados que no está mal que uno se sienta orgulloso de lo que ha conseguido, pero que tampoco es malo responsabilizarse de los errores propios.

Se trata de dejar de lado el perfeccionismo, demostrando que todos los miembros de la plantilla son humanos y, por tanto, están más que capacitados para hacer cosas bien, pero tampoco pasa nada si se equivocan.

Crear un ambiente de colaboración

Ante un logro, muchas personas se sienten como farsantes porque hasta ese momento su aportación y sus ideas nunca han sido tenidas en cuenta en la empresa. Por eso, cuando ocurre, piensan que ha habido una anomalía y que lo sucedido no puede deberse a sus habilidades y capacidades.

La manera de acabar con esto es crear un ambiente de colaboración en el que todo el mundo se sienta libre de expresar sus ideas, aunque no sean perfectas. Si la empresa valora las aportaciones que hacen sus trabajadores, estos se sentirán más valorados y ganarán autoestima, lo que los mantendrá alejados del síndrome del impostor.

Fomentar el desarrollo profesional

Cuando llega el momento de asumir nuevos retos o enfrentar nuevas tareas, es cuando existe un mayor riesgo de que aparezca este fenómeno del que estamos hablando. Sin embargo, el riesgo se reduce si tenemos en la plantilla a empleados conscientes de su desarrollo profesional.

Muchas personas tienen habilidades y capacidades de las que no son conscientes, así que el primer paso que debe dar la empresa es reconocer las mismas, haciendo que el trabajador se dé cuenta de que las tiene. Por otro lado, hay que permitir que el empleado les saque partido, algo que se consigue a través de medidas que busquen su desarrollo profesional. Por ejemplo, mediante la formación, o la asignación de nuevas responsabilidades.

Normalizar la retroalimentación

La cultura de la crítica sigue instaurada en muchas empresas, y esto es un grave error. Está claro que los trabajadores deben ser advertidos cuando no hacen algo bien, pero esta no puede ser la única retroalimentación que reciban.

Hay que fomentar el feedback positivo. Hacer que las personas se acostumbren también a recibir elogios cuando hacen algo bien. Al igual que todas las medidas que hemos visto hasta ahora, esto consigue que se incrementen los niveles de confianza en uno mismo y se valoren más las capacidades propias.

Cuidar la salud mental en la empresa

Otra forma de lidiar con este y otros problemas de origen psicológico que pueden afectar a la empresa, es ayudar a los empleados a cuidar su salud mental, algo que se puede realizar de muchas maneras diferentes:

  • Ofreciendo ayuda psicológica a quienes lo requieran.
  • Con formación sobre cuidado de la salud mental.
  • Charlas sobre síndromes como el del impostor o el del trabajador quemado, para que los empleados aprendan a reconocerlos y a identificar los síntomas.
  • Implantación de medidas que ayuden a reducir el estrés.
  • Formación continuada que permita a los empleados percibir su empleo como un espacio de desarrollo profesional y personal.

El síndrome del impostor puede llegar a ser difícil de detectar desde fuera, porque quien lo padece intenta mantener su ritmo de trabajo normal, aunque por dentro no se sienta bien. Como en algunos casos puede llegar a ser grave, y afectar tanto a la carrera de una persona como a la empresa en la que trabaja, es importante que las organizaciones implanten medidas para intentar evitar su aparición.