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La importancia de la inteligencia emocional en el lugar de trabajo: cómo desarrollar habilidades emocionales en tu equipo

Gestionar las habilidades técnicas de los miembros de su plantilla es algo que las empresas están acostumbradas a hacer, aunque no todas lo hacen con el mismo nivel de éxito. Sin embargo, gestionar las interacciones humanas es un fenómeno relativamente reciente, y todavía nos encontramos con muchas organizaciones que no llevan a cabo ninguna medida en este sentido.

La sociedad ha cambiado, y las formas de trabajar también lo han hecho. Los trabajadores actuales ni piensan ni sienten como los de hace décadas. Por eso, las empresas que no han sabido adaptarse, están teniendo problemas para atraer y retener el talento.

En este escenario, la inteligencia emocional (IE) cobra especial protagonismo como herramienta clave para gestionar de manera eficaz esas interacciones humanas a las que acabamos de hacer referencia, y para alcanzar el máximo bienestar posible en el lugar de trabajo. Un bienestar que llevará a los empleados a dar lo mejor de sí mismos y a rendir a la máxima potencia. Algo que contribuirá a que la empresa gane en productividad y se vuelva cada vez más competitiva dentro de su sector.

Tabla de contenidos

¿Qué es la inteligencia emocional y por qué se ha vuelto tan importante en el ámbito laboral?

La inteligencia emocional puede entenderse como un constructo que engloba diferentes capacidades del ser humano. Capacidades que le permiten entender, usar y administrar de una manera más efectiva sus propias emociones. Dentro de ella podemos encontrar habilidades como el autocontrol emocional, la empatía, y la gestión de conflictos.

Cuanto más alto sea el nivel de inteligencia emocional de una persona, más capacitada estará esta para hacer frente al estrés y para establecer relaciones sanas y equilibradas en los diferentes ámbitos de su vida, incluido el laboral.

A través de ella se llega al autoconocimiento, y este es un buen punto de partida para descubrir puntos fuertes y débiles en uno mismo y tomar medidas para potenciar lo bueno y disminuir el efecto que tienen esas partes no tan buenas de la personalidad de un sujeto.

La inteligencia emocional en el ámbito laboral

Cada vez es más común escuchar hablar de este tema en el campo de los Recursos Humanos. De hecho, la inteligencia emocional ha llegado a ser considerada como la habilidad blanda más importante que puede tener un empleado, sin importar si este ocupa un puesto directivo o si acaba de arrancar su carrera laboral en los niveles más bajos de la organización.

En el entorno laboral, esta habilidad ayuda a las personas en el proceso de toma de decisiones. Les permite evaluar toda la información disponible de una forma más tranquila y analítica y, de esta manera, decidir basándose únicamente en criterios lógicos, en lugar de dejarse llevar por la emoción del momento.

Por otro lado, resulta esencial para poder llevar a cabo una comunicación efectiva. Porque permite expresar las ideas y sentimientos de una manera más clara y asertiva. A la vez, como de la inteligencia emocional se deriva un mayor nivel de empatía, es mucho más sencillo practicar una escucha activa y ponerse en el lugar de los demás. Esto beneficia a la empresa a muchos niveles, porque ayuda a evitar malentendidos, permite una rápida solución de los conflictos en caso de que estos lleguen a aparecer, y da lugar relaciones interpersonales armoniosas entre los miembros del equipo.

La inteligencia emocional es una competencia que conviene que esté bien desarrollada en toda la plantilla, como señalábamos antes, pero que se vuelve todavía más importante en el caso de los líderes. 

Un liderazgo efectivo requiere grandes dosis de esta habilidad. Porque quien está al frente de un equipo de trabajo debe ser capaz de prevenir y resolver conflictos, fomentar un clima de colaboración, generar confianza, e inspirar y motivar a sus subordinados.

¿Cómo desarrollar las habilidades emocionales en un equipo de trabajo?

Daniel Goleman, psicólogo que formuló la teoría de la inteligencia emocional, señaló que esta se divide en cuatro “dominios” y que dentro de los mismos hay 12 competencias. Estas son capacidades que se pueden desarrollar con formación y práctica.

Dominios y competencias de la IE

Autoconciencia

  • Autoconciencia emocional

Autogestión

  • Autocontrol emocional
  • Adaptabilidad
  • Orientación a objetivos
  • Actitud positiva

Competencia social

  • Empatía
  • Conciencia organizacional

Manejo de relaciones

  • Influencia
  • Coaching y mentoría
  • Manejo de conflictos
  • Trabajo en equipo
  • Liderazgo inspiracional

Partiendo de esta base, y del hecho de que el propio Goleman hable de que las competencias que conforman la inteligencia emocional se pueden desarrollar, está claro que las empresas pueden hacer mucho para contribuir al desarrollo de las habilidades emocionales de sus empleados.

Proporcionar información en materia de inteligencia emocional

Será complicado convencer a los empleados de que tomen medidas como realizar una evaluación de sus emociones si antes no se les deja claro qué es la IE y qué ventajas tiene para ellos trabajar en el desarrollo de las habilidades y competencias que forman parte de la misma.

Se recomienda iniciar la formación con los aspectos teóricos esenciales, aunque estos pueden ser trasladados a la plantilla de una manera mucho más dinámica. En lugar de la típica conferencia, es posible utilizar técnicas de última generación como la gamificación o la interacción con una Inteligencia Artificial que vaya explicando poco a poco las cuestiones más importantes.

Tras la formación teórica, o a la vez que se imparte la misma, se puede pasar a la práctica. La idea es que los miembros de la plantilla puedan aplicar los conceptos de IE que han aprendido, en situaciones que podrían surgir en su trabajo. Por ejemplo, planteando simulaciones de conflicto o sesiones de role-playing en las que cada empleado asume un determinado papel y tiene que actuar conforme al mismo.

Fomentar la conciencia emocional

Implica animar a los miembros de un equipo de trabajo a ser más conscientes de sus propias emociones y descubrir la forma en que estas pueden influir en su desempeño laboral y en sus relaciones con los demás.

Para lograr este objetivo, se puede comenzar con una autoevaluación emocional, proporcionando una lista de emociones comunes y una escala que ayude a calificarlas. Cuando una persona siente una de las emociones recogidas en su lista, toma nota de en qué momento aparece y de qué efectos está teniendo en su comportamiento.

Una versión un poco más compleja de esto es llevar un diario de registro de emociones. Un cuaderno en el que cada empleado recoja las emociones más significativas que ha sentido en su jornada de trabajo y analice sus consecuencias.

Cualquiera de estas medidas ayudan a los empleados a ser mucho más conscientes de sus emociones y sobre las conductas o hechos que pueden desencadenarlas, así como el efecto que estas tienen en su rendimiento laboral y en la forma en la que se relacionan con el resto.

Cuando una persona llega a un buen nivel de conciencia emocional, es capaz de reconocer aquellas situaciones que le producen estrés, ansiedad, enfado, etc., y puede afrontarlas con la cabeza más fría, evitando que las emociones se adueñen de la situación y de su forma de actuar.

Crear un ambiente de confianza

Llegados a este punto, los empleados saben qué es la inteligencia emocional y están aprendiendo a desarrollarla. Han empezado a conocerse mejor a sí mismos y ahora deben dar el siguiente paso para hacer crecer todavía más esas competencias.

En esta fase se vuelve imprescindible contar con un ambiente de confianza en el que los trabajadores se sientan seguros de expresar sus ideas, sus pensamientos, sus opiniones y, sobre todo, sus emociones. Cada miembro del equipo debe tener la seguridad de que nadie va a minusvalorarle o a reírse de él si muestra sus emociones.

Alcanzar este objetivo es posible aplicando diferentes estrategias, pero una de las más efectivas es fomentar la transparencia y la apertura. Crear un espacio en el que todo el mundo pueda expresar libremente sus opiniones y preocupaciones sin temor a ser juzgado.

Muchos miembros de la plantilla se van a sentir identificados con lo que exponga otra persona, y esto va a crear una conexión emocional y a fomentar la confianza

Además, hay que practicar la escucha activa. Que esas opiniones e ideas expresadas no caigan en saco roto, sino que sean valoradas en la medida en que lo merecen y se pase a la acción para solucionar aquello que se ha convertido en un foco de preocupación.

El miedo a expresar pensamientos y emociones es difícil de vencer. Por eso, incluso si se ha conseguido generar un ambiente de la máxima confianza, es importante respetar la confidencialidad.

La inteligencia emocional no solo busca hacer al ser humano consciente de sus emociones. Va un paso más allá y quiere que seamos capaces de aplicar esa consciencia para guiar nuestras acciones y nuestras relaciones con los demás. Pero hay que tener en cuenta que el desarrollo de habilidades emocionales requiere tiempo y esfuerzo. Es un progreso gradual en el que el compromiso de la organización y de sus empleados es fundamental para alcanzar el éxito. Estas competencias no se desarrollan de un momento para otro, pero hoy es un buen día para empezar a trabajar en ellas.

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