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¿Cuáles son los elementos clave para establecer y fortalecer una cultura organizacional positiva?

Solemos medir el estado de “salud” y el éxito de las empresas a través de sus resultados económicos. Pero, para que al cierre del ejercicio se hayan obtenido beneficios, es necesario que cada una de las piezas de la organización haya funcionado a la perfección, como si se tratara de un engranaje recién engrasado. Es entonces cuando podemos apreciar la importancia de la cultura organizacional y los efectos que puede tener sobre el devenir positivo de un negocio si está bien gestionada.

La cultura organizacional se extiende a muchas de las operaciones de la empresa e influye sobre el desempeño de sus empleados. Se aplica a la forma de seleccionar, a cómo se retiene el talento, al tipo de comunicación desarrollada dentro de la organización, e incluso a la relación con los clientes.

Por eso, alcanzar una cultura organizacional positiva no debe ser simplemente una aspiración. Es una meta estratégica que hay que intentar lograr a toda costa, porque puede impulsar la rentabilidad y la sostenibilidad del negocio. Veamos, entonces, qué pueden hacer las empresas para conseguir mejorar su cultura y que esta sea realmente positiva.

Tabla de contenidos

¿Qué entendemos por cultura organizacional positiva?

Con este concepto nos estamos refiriendo a ese conjunto de creencias, actitudes, valores, y prácticas compartidas dentro de una organización, que dan lugar a un ambiente de trabajo saludable y motivador.

Es una cultura que consigue que cada uno de los miembros de la plantilla se sienta valorado tanto por sus compañeros como por sus superiores. De esto se derivan las ganas de cada empleado por dar lo mejor de sí mismo, algo que le beneficia tanto a él como a la empresa en sí misma. 

Algunas de las señales que nos indican que estamos ante una empresa con una cultura organizacional positiva, son las siguientes:

Valores claros

Los valores y los principios de la organización están bien definidos. Todos los miembros de la plantilla los conocen y los entienden. 

Los más habituales son la ética, la integridad y el respeto, pero también se pueden añadir valores de “última generación”, como los relacionados con la sostenibilidad.

Lo importante es que esos valores no sean un papel mojado. Es decir, que la organización debe actuar de forma que dé cumplimiento a los mismos.

Comunicación abierta y transparente

En una empresa con una cultura organizativa positiva, la comunicación fluye a todos los niveles de la organización, y es lo más clara y honesta posible.

Esto vence el tradicional “miedo” de los empleados a manifestar sus ideas, opiniones y preocupaciones. Pero, para que sea del todo efectiva, la dirección tiene que ser capaz de practicar la escucha activa.

Liderazgo inspirador

En organizaciones que ya cuentan con una cultura organizacional de efectos positivos, el líder trasciende de lo que es un mero “jefe”. Es una persona que lidera al equipo y se convierte en un modelo a seguir.

Claves para conseguir una cultura organizacional positiva

No existe un único camino. Cada empresa es diferente y es ella la que decide cómo crear su cultura y en base a qué. Pero la experiencia nos dice que hay un conjunto de medidas o elementos que pueden fomentar el desarrollo de una cultura organizacional que sea positiva.

Identificar los valores y promulgarlos

Toda empresa tiene misión, visión y valores. El problema es que estos conceptos muchas veces son abstractos y no se sabe muy bien cómo llegar a convertirlos en una realidad. Por otro lado, es frecuente que los empleados no tengan ni idea de cuáles son la misión, la visión o los valores de la compañía para la que trabajan.

El primer paso para construir una cultura organizacional fuerte es definir unos valores que se alineen con los objetivos que la empresa desee conseguir. El segundo es demostrar que esos valores son auténticos y que la organización es capaz de llevarlos a la práctica. Además, es fundamental que tanto los empleados como los proveedores, los clientes, y hasta los inversionistas estén al tanto de esos valores y de cómo se actúa para convertirlos en realidad.

Confiar en las habilidades de los empleados

Los procesos de selección suelen ser largos y complejos, porque las empresas son muy exigentes a la hora de cubrir un puesto. Quieren que la persona que lo ocupe tenga un buen número de habilidades técnicas y todavía más habilidades blandas.

Pero, a la hora de la verdad, cuando los empleados ya están integrados en la empresa, no se confía lo suficiente en ellos.

En su lugar, es posible convertir el desarrollo profesional y personal en uno de los valores de la empresa. Valor que se puede llevar a cabo dando mayor autonomía a los miembros de la plantilla. Demostrándoles que se confía en su responsabilidad y en sus capacidades para alcanzar las metas que se han pautado para ellos.

Dar autonomía, ofrecer formación, y una retroalimentación positiva y constructiva, fomentan el desarrollo de los empleados a diferentes niveles. Y no hay mejor forma de demostrarle a una persona que se tiene confianza en ella y en sus capacidades, que ayudarla a ser la mejor versión de sí misma.

Fomentar la comunicación

Antes hemos hecho referencia a que uno de los rasgos que nos ayudan a identificar una entidad con una buena cultura organizacional es que dentro de ella apreciamos una comunicación clara y honesta.

Ahora bien, no se llega a este tipo de comunicación de la noche a la mañana. Para lograrla, la transparencia debe ser uno de los valores de la organización y, a partir de ahí, se trabaja para conseguir que la comunicación sea realmente efectiva.

Es la empresa a través de sus líderes la que debe dar ejemplo en esta cuestión. Si el líder es honesto a la hora de comunicarse, no oculta información deliberadamente, y muestra su predisposición a resolver dudas y a escuchar lo que tienen que decir sus subordinados, estos estarán mucho más dispuestos a expresarse.

Por otro lado, hay que tener en cuenta qué, por mucho clima de confianza que exista, para algunas personas sigue siendo complicado exponer un problema directamente ante un superior. Por eso, es importante trabajar diferentes vías de comunicación, como un correo electrónico para sugerencias, o incluso un buzón anónimo de denuncias.

Promover un buen estado de ánimo

El trabajo y las responsabilidades que este implica hay que tomárselas en serio, pero eso no supone pasarse el día de mal humor o sometidos a estrés. Porque resulta que los seres humanos tenemos el arma definitiva para vencer esa sensación de ansiedad y estrés que es común en el trabajo: el sentido del humor.

Cada vez hay más estudios que defienden que reírse en el trabajo alivia el estrés, porque ayuda a liberar la tensión. 

Dejar un poco de margen para que los empleados bromeen, o incluso empezar el día enviando un email con un toque de humor, puede contribuir a que todo el mundo se sienta un poco mejor y rinda más.

Al preocuparse por el estado de ánimo de sus empleados, las empresas están convirtiendo en realidad un valor tan importante hoy en día como cuidar la salud mental de su plantilla. Por tanto, al dejar un poco de lado la sobriedad propia del entorno laboral, se consigue que la cultura organizacional tenga efectos positivos sobre los empleados y sobre la propia entidad.

Promover un estilo de vida saludable

Cada vez son más las empresas que se preocupan por la salud de sus empleados a nivel físico y mental. Y pueden convertir estos valores en una realidad a través de medidas que favorezcan un estilo de vida más saludable.

Se pueden tomar medidas directas como promover la práctica deportiva, o charlas con nutricionistas que den pautas sobre cómo es una alimentación sana y equilibrada. Pero hay otras medidas que la empresa puede tomar y que ayudan todavía más al cuidado de la salud de sus trabajadores. Por ejemplo, no sobrecargar de tareas, reducir el número de horas extra, o adoptar un horario de trabajo que permita la conciliación de la vida personal y profesional.

Hemos visto cinco medidas, pero la verdad es que la lista sería casi interminable. Lo importante es tener claro que establecer una cultura organizacional positiva es algo que lleva tiempo y que requiere un esfuerzo continuo por parte de la empresa. Es una parte fundamental en la estrategia de la organización y, como tal, tiene que evolucionar para seguir siendo efectiva.

Si se logra, no tardarán mucho en hacerse visibles resultados como la mejora de la motivación de los empleados, el incremento de la productividad, el aumento de la tasa de retención de talento y la disminución de la tasa de absentismo.

Una organización que trabaja para tener una cultura organizativa positiva incrementa su resiliencia y, con ella, sus posibilidades de alcanzar el éxito a largo plazo. Porque unos empleados más comprometidos y motivados contribuyen de manera más efectiva a la consecución de los logros empresariales. 

Por todo ello, no hay que ver el hecho de dedicar tiempo y recursos a trabajar en la cultura organizacional como un gasto, sino como una inversión que va a dar resultados a corto plazo y va a permitir que estos se mantengan a largo plazo.

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